lunes, 6 de junio de 2016 | Por: Pedro López Ávila

A la altura del olvido

Aquí os dejo otro poema de mi nuevo poemario "A propósito del recuerdo y el olvido"
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viernes, 13 de mayo de 2016 | Por: Pedro López Ávila

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Aquí os dejo un poema de mi nuevo poemario "A propósito del recuerdo y el olvido"


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domingo, 8 de mayo de 2016 | Por: Pedro López Ávila

NUEVAS ELECCIONES, NUEVOS PACTOS

Obra de Muñoz Bernardo - www.mileniumgallery.com

El próximo 26 de junio volveremos otra vez a votar los españoles. No ha habido acuerdo entre las distintas formaciones que surgieron de las urnas el pasado día 20 de diciembre y mucho me temo que, como no exista un mínimo de honradez en los políticos para no convivir en la continuada controversia, esto va para largo.

Hemos asistido durante más de cuatro meses a debates, coloquios, charletas y a confusiones extraordinarias, pero muy poco se ha debatido de la realidad española, y, por el contrario, todo ha desembocado en tesis que expresaban y defendían más puntos de vista personales en la afanada búsqueda del poder que en el interés común, utilizando no sólo métodos cínicos, sino las argumentaciones más groseras que se han podido ver y oír jamás en el Parlamento español.

El hombre democrático tiene que concebir mil formas de pensar distintas a la suya, pero el político parece que está condenado a no permitir en sus concepciones intelectuales e ideológicas que la interpretación de la sociedad en cada momento de la historia sea distintas y, mucho menos, que la del adversario pueda ser más acertada.
Con lo bien que quedaría que alguna vez se dijera: «Sí, estaba en un error, pero luego varié». Y no pasaría nada, porque se puede cambiar por la reflexión o por lo que sea; pero, lo que no nos valdría a nadie es pasarse a la acera de enfrente para gozar de los beneficios de los que tienen más posibilidades de ganar. Maniobra que es bastante fea, cuando se realiza para conseguir estos fines.

La obstinación de los partidos en defender modelos económicos y sociales fracasados podría ser excusable en alguna medida, toda vez que, de no hacerse así, podría ser interpretado en el electorado de cada grupo, como la renuncia inmediata a la defensa de unos principios que aparecen en los distintos programas de algo que parece verdadero e inmutable. Y claro está, como consecuencia inmediata, la pérdida del poder, o como dirían otros, quedar fuera en «el reparto de sillones».

Por eso los políticos se diferencian muy poco de los antropófagos y, en el triste negocio del poder y la gloria, les hace darse embestidas con la misma ferocidad que los carneros muflones en celo, olvidándose de los más elementales respetos humanos en una apresurada conquista de «su clientela», con argumentos, generalmente, ad hominem.

Conocedores de esto, la gente es utilizada, en ocasiones, para que encuentren motivos ideológicos en su simpatía o antipatía a favor o en contra de una determinada concepción social o económica, cuando la mayoría de las veces no los hay, es el instinto el que reina como en los animales; imperan las rivalidades y los celos. Son paquetes de odio envasados al vacío tal y como hemos visto en este periodo más que preelectoral.

Lo interesante es que ahora se puede tener un criterio personal más formado, se han puesto las cartas al descubierto en este largo periodo para hacer un gobierno, ahora ya se conocen con más claridad las distintas opciones, ahora hemos detectado en estos tiempos que crujen (y que todo avanza de manera vertiginosa) que algunos no utilizan la misma medida para todo y para todos, que algunos deberían llevar el apodo de chanchulleros, que algunos nadan entre muchas aguas y que a otros les parece casi indigno que la prensa ofrezca juicios críticos.

Ahora se van a presentar los mismos líderes, pero también conocemos cuál ha sido la gestión de sus grupos en la comunidades autónomas, ayuntamientos y diputaciones gobernados por unos y otros y, por tanto, ya sabemos que lo que prometieron en su día en qué ha quedado, ahora conocemos más a fondo la vulgar arbitrariedad política de ayuntamientos y el estado de nuestra ciudades, de nuestras calles y de nuestros barrios.

Es la hora de España, de que se identifiquen a los que realizan maniobras arteras y que, sin embargo, se presentan poco menos que como elementos quintaesenciados de la Universidad de Harvard; que tienen una idea de sí mismos que no la tendría Newton o Stephen Hawking y que, además, pareciera que gozan de un fuero especial, porque sí, y que, sin embargo, sobreviven perfectamente entre la mediocridad intelectualizada de este país.

Será necesario pactar con más decoro en la nueva legislatura, aunque pactar signifique renunciar a refutar argumentos sólidos y reflexionados de los adversarios y a no debatir exclusivamente por alcanzar las tesis de cada cual, sino que el pacto debe estar basado siempre en un ejercicio intelectual constante en la búsqueda de juicios verdaderos, y pensar en estos momentos de la necesidad imperiosa que tiene España de un gobierno que garantice el progreso social, moral y económico.

Llevar esto a la práctica es muy difícil, pero los países que lo han conseguido no ha sido por una forma de gobierno, por una constitución, por la forma de sus instituciones públicas o por algo que no depende de la utopía, sino por su cultura, por su experiencia democrática y por su ciencia.

Artículo de opinión publicado en el periódico Ideal el 3 de mayo de 2016


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martes, 2 de febrero de 2016 | Por: Pedro López Ávila

LOS ILIBERITANOS


Grupo Iliberitano, de izquierda a derecha: José María Ysmér, Miguel Moreno
(escultor), Antonio Moleón España, José Hernández Quero, Marino Antequera,
Alnfonso Domínguez (hijo), José Galán Polaino y Luis Soriano Quirós
www.mileniumgallery.com

                                               LOS ILIBERITANOS

Granada, tierra de grandes embrujos, tierra de magia, donde aún es posible percibir la sensación de aquel reino derribado de la dinastía nazarí; tierra en donde sólo es posible que el pasado nunca sea un enigma, sino que queda grabado en la memoria colectiva de sus gentes, tiene  la oportunidad de reunir la producción pictórica de la mayor parte de aquellos pintores nativos contemporáneos que allá por el año 1954 formaron el grupo "los Iliberitanos".
Un grupo de amigos, alumnos de la Escuela de Artes y Oficios de Granada, recibía clases del Profesor de Historia del Arte, D. Marino Antequera, que  tan profunda huella iba dejar  en el recuerdo y en el magisterio que ejerció sobre ellos. Se trataba de Alfonso Domínguez, José Hernández Quero, José Galán Polaino, Antonio Moleón España, Miguel Moreno,  Luis Soriano Quirós y José María Ysmér Ysmér.
Era tan solo un grupo de jóvenes, cargados de las fuerzas y energías juveniles, que se reunían en el estudio del padre de José Ysmér (dibujante y litógrafo), para compartir confidencias,  voluntades o, en ocasiones, complicidades en materia artística. En otras ocasiones las reuniones tenían lugar el Café Suizo de Granada, en donde las conversaciones se entrelazaban y fluían bajo el blanco hechizo de mármol de aquellas mesas.
En 1959 el grupo se disgrega. Soriano Quirós (1932-2001), se traslada a Bilbao y en 1958, al quedar atrapado por el paisaje vasco, decide quedarse en aquellas tierras. Hernández Quero (1930), fija su residencia en Madrid y en la actualidad su memoria quedará inmortalizada a través de sus obras (cedidas por él mismo) en el Centro de Arte José Hernández Quero de Motril;  José Ysmér (1931), aunque formado en Granada, igualmente, en 1960  traslada su residencia a la capital de España; Alfonso Domínguez, falleció a una edad muy temprana, cuando todo apuntaba a que sería una de las figuras más relevantes en la creación artística nacional;  Antonio Moleón España  (1930), José Galán Polaino (1932) y Miguel Moreno (1935) continúan hoy en primera fila entre los artistas más sobresalientes  desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días. Si bien, Miguel Moreno, el benjamín del grupo, desarrolló su vocación artística como escultor y orfebre, con múltiples reconocimientos locales nacionales e internacionales a su obra, de la que está impregnada toda la ciudad de Granada.
Todos estos artistas granadinos, cuyos logros han traspasado todas las fronteras, tanto en su faceta creativa, cuanto en relevantes campos de la investigación y de nuevos hallazgos técnicos, se encuentran  hoy como la más genuina esencia del ser y el existir de nuestra condición local más auténtica. Nunca caerán en el olvido, sobre todo, en la crecida brisa del tiempo, pues estas obras, engendradas en el milagro del arte, jamás pasarán inadvertidas y perdurarán, junto a sus creadores, siempre en el recuerdo.
Por todo esto, Milenium Gallery, quiere rendir con esta exposición un sentido homenaje a todos ellos, a través de sus creaciones, para que su gente más cercana, los granadinos, conserven para siempre las imágenes y los nombres de aquellos jóvenes que un día creyeron en la transformación de la materia para importar la belleza.

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viernes, 29 de enero de 2016 | Por: Pedro López Ávila

ESPERPENTOS


Cuando un dirigente político para llegar a gobernar él o los de su partido de manera un tanto embrollona, intenta justificar a los ciudadanos sus actuaciones con acuerdos peripatéticos, «corrigiendo el resultado de las urnas» me parece a mí que eso es una democracia moribunda.
 Que cualquier partido político entre al juego de si tú no vas, yo te presto ocho diputados que son los que necesitas, aunque dos de la misma ideología nos abstengamos, para, finalmente, decirte, cuando te marches, que «te he echado al cubo de la basura», me parece de una inmensa brutalidad que achica el espíritu, de tal forma, que pareciera que vivimos en un retraso intelectual lamentable.
Todo este ridículo espectáculo que nos ofrecieron las televisiones en directo en la investidura del nuevo president, Carles Puigdemont, elegido con el dedito por el mismo que «se queda en el cubo de la basura histórica» y que éste, a su vez, fue elegido de la misma manera por otro president que está imputado en los casos corrupción más graves de nuestra historia contemporánea, me hace ser cada vez más escéptico al democratismo.
Si el derecho a decidir y la democracia se reduce a la consigna de mantener lo que se tenga y robar cuanto se pueda, yo no voy a creer jamás en la democracia, por mucho que se empeñen en convencerme que la mayoría de los políticos son honrados.
Si el voto anticapitalista se mezcla y se aúna, según sople el viento, con el voto de economías de mercado o el voto asambleario se puede manipular más que el representativo, para producir empates o desempates, según convenga, tampoco voy a creer en el voto de las asambleas como más directo y democrático para atender mejor las necesidades de la gente.
La obcecación del ya expresidente Artur Mas, ha arrastrado a su propio partido y a las propias CUP a perturbarlo todo, de tal forma que no sé hasta qué punto los ciudadanos catalanes independentistas tienen un criterio riguroso y formado de lo que pretenden sus dirigentes en el ámbito social y económico. Quizá, lo único que puedan tener claro estos electores es que han dado un paso muy importante para separarse de España, aun a sabiendas de que más de la mitad de los catalanes no quieren esa independencia ni ser cautivos de colectivismos que los conduzcan al despeñadero.
Hay, por tanto, que tener bien aprendida la lección: los enemigos oficiales pueden ser amigos privados y los amigos o aliados públicos se tienen ganas, yo diría que, a veces, un odio mortal, de tal manera que la apariencia y la realidad siempre andan enmarañadas en política.
Que nadie piense que va a tener que estudiar la Constitución catalana y adaptarse a ella, si quiere vivir en su región. Eso no va ocurrir jamás, entre otras razones, porque el único partido que hipotéticamente permitiría el referéndum, desde la Constitución, sería el partido de Pablo Iglesias y, claro está, éste con la concepción intervencionista que tiene del Estado (además de expansionista hacia Europa) solicitaría un no rotundo a la población catalana desde el poder.
Por esto, todo lo que está ocurriendo en España y en Cataluña es un esperpento en el sentido más valleinclanesco de su visión de la realidad. Sus actores son «enanos o patizambos que juegan una tragedia». Decía Valle-Inclán: «España es una deformación grotesca de la civilización europea».
¿Puede haber algo más grotesco que el finalizar una sesión de investidura de aquella manera (en domingo y con prisas) con la expresión «viva Cataluña libre», pronunciada por el nuevo president de la Generalitat, Carles Puigdemont.
Vamos, como si Cataluña estuviera o hubiera estado colonizada por ‘los invasores’ (de no sé dónde) y no hubiera habido nunca libertad, sino que hubiera sobrevivido bajo la bota del pueblo español, del que ellos han formado parte como sujetos activos, durante muchos siglos de nuestra historia, con riquísimas aportaciones e importantísimas adopciones del resto del territorio, en el campo de las ciencias, de las técnicas, de las letras y de la cultura en general.
¿Alguien, en su sano juicio, puede pensar que este escenario actual no estaría contemplado en Europa, en España y en el mundo occidental, mucho antes de que se produjera este chanchullo de votaciones (te presto, te cambio, doy un paso al lado, te quito de alcalde, te presento a president, te nombro consejero) y que no existirían distintas respuestas eficaces a priori, para cada circunstancia concreta, que se les ocurriera a estos visionarios políticos?

Por tanto, no va a pasar nada, absolutamente nada, por muy alarmados que quieran estar algunos. Lo que sí parece inevitable serán los enfrentamientos, convulsiones sociales, cruces de declaraciones en tonos amenazantes, acentuación de rivalidades o discursos grandilocuentes. Todo esto orquestado, cómo no, por mediocres ciudadanos llenos de pretensiones políticas que les gustan que les aplaudan y que les den muchos abrazos; aunque, la crítica, la autocrítica y la reflexión severa e inteligente quede aparcada sine die. Pues nada, a los abrazos y a seguir aplaudiendo.

Artículo publicado en IDEAL el 25 de enero de 2016.
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lunes, 7 de diciembre de 2015 | Por: Pedro López Ávila

PEDRO ROLDÁN

Pedro Roldán - www.mileniumgallery.com
Nunca tendremos claro si el simple paso de la realidad al misterio, en la obra de Pedro Roldán, es evolución espiritual, progreso intelectual o ambas cosas a la vez. El caso es que cuando vemos los paisajes de  Roldán, salimos hacia un mundo  que vivifica nuestros espíritus fatigados por el brutal culto que se rinde a la más absoluta vulgaridad. 
La obra de Roldán es, en cierto modo, un renacimiento, que provoca en el espectador una liberación ante el modo de vivir tan aprisa y tan materialmente. La obra de Roldán es el homenaje a la naturaleza frente al asfalto, al apremio a la belleza frente a los edificios que no nos dejan ver el centellear de las estrellas; a la evocación de lugares por los que tan sólo transitan el sigilo del sueño y la fantasía, a detenidas arboledas reflejadas en el lago, a hojas otoñales liberadas de la esclavitud de las ramas, al misterio de límpidas aguas triunfantes detenidas en el lienzo de  un tiempo sin tiempo o, quizá, al retorno a la mirada que pretende perderse en la profundidad del azul.
Cuando vemos estas obras en compañía del autor, y le oímos explicar sus propósitos, sus sensaciones y sus  ensoñaciones (cuasi místicas), sus especulaciones transcendentales, su lenguaje en el ritmo sin fin de los colores en sus complejidades combinatorias, algo se revela en el que contempla: se siente el misterio.
Y es que el elemento fundamental sobre el que se sustenta la obra de Pedro Roldán gira alrededor de su propia intimidad y cuyas fuentes están lejos de su mirada, en algo intangible: en el halo multiforme del  amanecer o del atardecer, en los que la naturaleza y el artista respiran al unísono.
Por esto, parece milagroso e incomprensible que el trabajo concienzudo, paciente y lento de nuestro autor se sedimente en ideas azarosamente nacidas de sensaciones grabadas en determinados momentos de su vida, quedando tan bien guardadas en su memoria que, más adelante, le permiten ser expresadas plásticamente en la más sutil de las perfecciones.

Cualquiera que se acerque a la obra de Roldán constatará que es un maestro del dibujo, siguiendo la normativa clásica; antes bien, cuando  se deja dominar por el sortilegio del color, su imaginación  no encuentra límites, hasta tal punto, que en algunos planos de su obra podemos encontrar el informalismo de las abstracciones tan perfectamente armonizadas que llega un momento en el que el receptor no contempla, sino que vive  dominado por el hechizo que envuelve a sus paisajes.
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jueves, 26 de noviembre de 2015 | Por: Pedro López Ávila

Diego Canca

"El Príncipe" de Diego Canca - www.mileniumgallery.com

Decía Baroja. "Yo como muchos he tenido el entusiasmo y el fanatismo por la veracidad. En mí la  veracidad no es sólo un convencimiento, sino una técnica". Y es cabalmente esto: verdad y autenticidad lo que podemos descubrir, si alguien con rigor y seriedad se atreve a enfrentarse a la obra de Canca.
Lo que sucede es que la mediocridad de los presuntuosos, que ellos mismos se autodenominan artistas plásticos, nunca llegarán a comprender que en una personalidad como la de Diego Canca convivan una base de intuición y observación en comunión continua y obsesiva con su compromiso por lo bien hecho; siempre, en la perpetua búsqueda de la perfección. Hasta tal punto llega su perseverancia en el trabajo, que la pintura parece apuntar a la literatura, para concretar una y mil veces, a base de microveladuras de tonalidades, lo que la escritura jamás podría expresar.
Diego Canca, nace en 1948 en Ceuta, en el monte Canca, ya sepultado por bloques de pisos, muy cerca de la playa Benítez, del mar, de ese mar que le ha dejado una resonancia triste, y una huella soñolienta y melancólica dentro de su espíritu. De ahí la llamativa necesidad que nuestro autor  siente por volver a su ciudad, a la que visita al menos dos veces por año., porque, según él, al llegar a su ciudad natal, "Dios le toca con el dedo"
Como en la mayoría de los españoles de la época, las situaciones económicas eran un tanto míseras. Si ya era difícil sobrevivir, más complicado se hacía el estudiar. A pesar de todas las circunstancias adversas, Canca finaliza el Bachillerato, siendo la Profesora de Dibujo la que entendió rápidamente  que se encontraba ante un ser excepcional y con unas aptitudes para reproducir la realidad más que sobresalientes.  
Me comentaba Diego, con gran sentido de la ironía, que en su niñez carecía de habilidades y destrezas para las prácticas deportivas, por lo que el resto de los niños al formalizar el enfrentamiento de los equipos, en los partidos de fútbol, ya conocían, al igual que él mismo,  que el equipo perdedor era en el que él estaba alineado.
Esta anécdota, aparentemente sin importancia, va a ser decisiva y, me parece, que es donde se van a hilvanar esos extraños caminos por los que discurre la vida y que nos conducen azarosamente hacia un destino. Su temprana vocación por el dibujo, por representar objetos y, fundamentalmente, retratar a personas, a las que observaba sus rasgos meticulosamente, le servían y le ayudaban, al menos,  para equilibrar su susceptible amor propio ante sus amigos, que quedaban absortos al contrastar la fidelidad y semejanza de sus dibujos (de aquellas imágenes de su blog ) con el objeto o personas representadas.
Sin embargo, quizá, el momento más trascendente en la vida de Diego Canca, sería, cuando en el colegio, cayó en sus manos un libro en el que observó una fotografía en la que se ancló su mirada. Se trataba de "El Dios Marte" de Velázquez. En una naturaleza sensitiva como la suya (determinada por los sentidos), le produjo tal impulso enérgico que, tal vez, le hizo pensar, desde ese momento, que no estaba dispuesto a que su vida se agostara en la vulgaridad. Desde ese instante el realismo de la obra de Velázquez se ubicó por delante de la retina del pintor ceutí.
A pesar de que su Profesora de Dibujo consiguió facilitarle una beca para que continuara sus estudios en  Bellas Artes, la economía familiar no le permitían esos "excesos", por lo que a la temprana edad de 14 años emigró con su carpeta de dibujos bajo el brazo hacía Barcelona, en donde seguía aprendiendo con los pintores de la calle a los que observaba con mirada depredadora en su obsesiva tarea  de aprendizaje. Vendía sus dibujos para el sustento diario , especialmente, retratos que realizaba para extranjeros. Desde Barcelona se desplaza nuevamente a Cadaqués y llegó a conocer a Dalí, aunque nunca tuvo trato personal con él.
A partir de este momento la receptividad extraordinaria de Diego para expresar las sensaciones de toda especie se convierten en casi patológicas, sobre todo, al descubrir la obra de Dalí. Sus exigencias ahora van a ser cada vez mayores -yo quería ser como Dalí- confiesa en la actualidad. La sobresaliente figura del arrebatado soñador de Figueras quedó depositada para siempre en el fondo del alma de Diego Canca.  De hecho, la primera etapa de nuestro pintor ceutí tiene mucho que ver con el surrealismo, con lo onírico, con lo fantástico; conceptos que todavía no ha abandonado como se puede comprobar en su obra actual.
A comienzo de los años 70  se traslada a Madrid, comenzando sus primeras exposiciones en formato pequeño. Así nos dirá: "en el pequeño formato estaba el secreto, para algún día llegar a hacer grandes formatos. Si no se sabe extractar la obra que uno quiere, en el gran formato fácilmente uno se puede perder".
A partir de aquí, traga con gran voracidad todo el conocimiento que recopila de los clásicos, y de los cuales pueden verse vestigios en su labor futura. Especialmente se interesó y estudió muy profundamente el Renacimiento. -El Renacimiento me subyugó- nos dirá en una de sus conversaciones. Se interesó, no obstante, por todo lo que formase parte de una estética distinta (desde la pintura flamenca, hasta el arte emergente, pasando por la pintura italiana).
En Madrid conoció a Antonio López, con el que en la actualidad mantiene una viva amistad, se intercambian ideas, conceptos, opiniones   tendencias, evoluciones y todo lo relacionado con el mundo del arte.
Aprendió muchos conceptos de la pintura contemporánea y las formas de aplicarlos en una minuciosa labor de investigación en la técnica del óleo (nuevos componentes químicos que existen hoy en el mercado, materiales, tipos de pigmentos et…), estudió muchos tratados de pintura, compartió estudio con grandes pintores de los que se nutrió, aunque, eso sí, desde niño llevaba muy hondamente grabado su individualismo , que obtuvo como resultado final  la creación de un arte de confección propia en continua evolución, pero sin seguir pautas extrañas a su propia sensibilidad realista.
A finales de los años 80 y hasta nuestros días fija su residencia en un pequeño  pueblo, situado en la vega de Granada, Churriana de la Vega, a tiro de de piedra de la ciudad nazarí, a unos 6 km de la capital, en donde continúa arraigado en su ahínco pasional de investigación pictórica. Además, cargado aún de fuerzas y de vigores juveniles, emplea parte de su tiempo en ejercer su magisterio con nuevas generaciones, procedentes en su mayoría de la Facultad de Bellas Artes.
Diego Canca, el artista nato, el narrador literario, el escultor y grabador sugestivo, el melómano empedernido, el hombre que tiene que abrirse camino (pidiendo disculpas) entre el informalismo y la abstracción que emerge hasta nuestros días, es la sensación más cercana al  ideal del hombre humanista en nuestro tiempo.

Hoy, en su pueblo de adopción y que tan bien supo acogerlo, existe una calle que lleva su nombre, y una sala en el museo de Churriana de la Vega, en reconocimiento a su dilatada y densas aportaciones al mundo del arte. Se denomina Sala Municipal de Pintura Diego Canca; si bien, en todo el pueblo  y en la capital granadina es más reconocido de forma más genérica  con el nombre de Museo Diego Canca.

Artículo publicado en "El Faro" de Ceuta el pasado 22 de noviembre de 2015
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