miércoles, 26 de octubre de 2011 | Por: Pedro López Ávila

MANUEL BARAHONA

Manuel Barahona - www.galeriadeartelazubia.com

No hay duda, toda pureza del campo, cuando se mira de forma idílica, es sosiego, paz, senda de añoranza o melancolía o, quizá, un diluirse en la naturaleza, en la tierra que habitamos, de un todo, del que formamos parte ; pero, cuando esa tierra que pisamos, cuando ese paisaje no aparece desnudo, sino habitado por la figura humana, transformándolo en el sentido más primigenio, que proporciona el sustento para seguir viviendo; las manos se quiebran en la tierra y los brazos y las caderas se rompen ante el argumento del salario.

Por eso la propuesta pictórica de Barahona está sustentada no sólo sobre el paisaje, sino sobre la de las labores silenciosas de lo cotidiano, con una clara pretensión de cercanía entre las relaciones familiares de aquellos seres humanos que no son ni han sido considerados sujetos activos de la historia.

Esa es la realidad que nos describe y que nos expresa desde sus lienzos Manuel Barahona, desde una sensibilidad que aletea en lo más profundo de su alma , que produce una gran emoción ante el paisaje habitado, por jornaleros, que lo hace reivindicativo y consigue una vibración del alma que conecta con el sentimiento del espectador.

Pero, cuando acaba la palabrería que descubre la figura humana, inserta en el paisaje, en el campo andaluz; en jornadas de labranza, de siega, de recogida de aceituna o de algodón, en el que el trazo firme (impresionista), consigue aspectos gestuales (donde el movimiento no se interrumpe), tan reales como el instante vivido, queda ese lirismo antiguo en la magia de sus colores caminando en equilibrio hacia el hallazgo de la luz.

Y es que Manuel Barahona es un magnífico dibujante y un majestuoso colorista que dota a sus cuadros de una luz que devora el paisaje.

La armonía con que consigue la complementariedad de sus colores, rigurosamente personalizados, los dispone de tal suerte, que atrapa la luz y parece que la detiene en el instante.

Pero, además, su agudo, estudiado y trabajado sentido de la perspectiva dota a sus lienzos de un sentido de lejanía y profundidad que lleva al receptor mucho más allá de donde abarca la mirada, para abrir el horizonte anclado en el tiempo.

Barahona, logra, como muy pocos lo han conseguido, en nuestra época reciente la iluminación de la escena, exclusivamente con el color, y con una acertada pincelada consigue encontrar un hueco por donde se desliza la intensidad de la luz, que surge y brota del color del sombrero de un campesino o de la sombra de la persona, con lo que podemos intuir no sólo la estación del año, sino, incluso, el momento del día y el cromatismo de su tierra andaluza.

La luz es el elemento que preside y tutela toda su obra, es el elemento neurálgico sobre el que se fundamentan sus paisajes; pues, si la temática gira en torno al campo andaluz, en el faenar cotidiano de sus jornaleros, la luz (conseguida mediante el color) se convierte en el protagonista principal de sus obras.

Hablar de amarillos, ocres, verdes, rojos, malvas o grises y de toda una explosión de cromatismo engendrado en su paleta - dispuestos de manera medida y compensada en la tela-le hace conseguir una atmósfera encendida en el aire, pero el pintor llega tan lejos que el amarillo de la media mañana, por ejemplo, vence al denso gris de un cielo amenazante que se dibuja en el horizonte.

Barahona nos transporta a otras épocas, cuando cada estación del año anuncia el melocotón en flor o las cosechas del trigo, de la aceituna o del algodón en un paisaje andaluz, poblado por cuadrillas de jornaleros, pero terminado hace mucho tiempo por el aguijón de las máquinas.

Sin embargo, sus obras nos dejarán en el recuerdo la paja y el trigo en las manos, la recogida en el olivar en un trazo de sol apagado, el acarreo de aceitunas o del algodón con nombres de sufrimiento, al labrador atravesando los siglos y la experiencia silenciosa de un alma que expresa con sus colores el hallazgo de la luz y de la vida.

Más información: http://manuel.cerezo.name/archives/000720.html
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4 comentarios:

Mayte_DALIANEGRA dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
andres rueda dijo...

Un gran escritor analiza magistralmente, la obra de un magnifico pintor.

suerte en la exposicion

Andres

JUAN MANCHEÑO dijo...

En Cai se dice que pedazo de chirigota, que pedazo de escritor y que pedazo pintor, que tengais mucha suerte los dos. Saludos.

Jesús Amaya dijo...

Enhorabuena, Pedro, por la presentación de la obra de Manuel Barahona. Qué hermoso es leer, en tus palabras, la pintura:

-...el paisaje habitado.
-...que atrapa la luz.
-... y parece que la detiene en el instante.

Gracias, maestro.
Un abrazo.
Jesús, tu Donje