sábado, 19 de noviembre de 2011 | Por: Pedro López Ávila

CARTA A ENRIQUE ROMERO DÁVILA


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Mi querido amigo Enrique:

Acabo de abrir tu correo y no puedo por menos que decirte que he sentido el sueño repetido de los años ante el sentimiento otoñal, que se apodera de forma tan gratificante entre muchos de nosotros.

Antes de las hojas abrasadas por el invierno estaba tu cámara fotográfica, pero mucho antes estaba tu imaginación con su valor creativo en una actitud de ánimo siempre dispuesta al servicio de la belleza.

Es una lástima que los correos electrónicos que nos envías a los amigos, en los que nos descubres desde la sonrisa detrás del rostro de una máscara, el desnudo de un cuerpo de mujer a contraluz de un atardecer en una solitaria playa, hasta las últimas hojas apenas sujetas a las afiladas ramas por el anuncio del invierno, no sean placeres compartidos por todos aquellos que no han tenido la suerte de conocerte.

Ya sé, como tú también sabes, que muchos dirán que con los medios tecnológicos y los programas informáticos que se disponen hoy día es tarea fácil realizar los reportajes y montajes fotográficos que realizas con tanta ilusión y amor; pero, eso no debe importarte lo más mínimo, como adivino que así es.

Amigo, Enrique, hoy todos somos fotógrafos y además nos creemos que hasta buenos, sobre todo si tenemos una buena cámara digital y disponemos de todos los artilugios que nos venden en los comercios especializados, además de ser un recurso imprescindible en el que se sujeta el pintor.

Supongo que esto es agradable y nada enojoso para nadie, encontrarse con amantes de la fotografía, un arte poco reconocido en nuestra cultura, excepto cuando se premian y distinguen aquellas que golpean paisajes desoladores o se muestra al cuervo que espera. Algo muy distinto a tu forma de interpretar, de sentir o de comprender la realidad que tú entiendes y vives.

Sin embargo, tengo que decirte que la calidez de tu fotografía no depende de tu cámara ni de tus recursos materiales, sino de ti, de tu personalidad en la selección de los motivos, en la toma de decisiones, en las modificaciones que efectúas en el proceso de ejecución, en las composiciones que realizas con los colores y en tantas cosas que nunca te he dicho y que a mí, con gran ignorancia, se me escapan también.

Lo que sí quiero expresarte, por medio de estas líneas, es que, una vez más, esas ramas semidesnudas, de hojas verdes agujereadas por la falta de alimento o amarillas, sobre el abismo de un pequeño soplo, me han hecho sentir la nostalgia mágica del otoño.

Dale un beso a Mar y, como tú dirías, con cariño y respeto, Pedro López Ávila.

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2 comentarios:

Mayte_DALIANEGRA dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jesús Amaya dijo...

Haiku para una foto

Viene el otoño
ardido en la esperanza.
El alma en trance.

Haiku para una carta

Poblado de ti,
verso de mis silencios.
Amor, quédate.

Mi enhorabuena para Enrique Romero Dávila y para ti, Pedro.